Soy pacifista, pero no imbécil.


...Cuando los vampiros vengan a por mi sangre, no es culpa mía si se empalan en las estacas que tengo preparadas...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

CARTA ABIERTA A LOS SINDICATOS. 14 NOVIEMBRE. HUELGA GENERAL


Estoy de huelga. 
Hoy ejerzo mi derecho a huelga y acepto libremente una serie de perjuicios que se derivarán de esa acción. Lo hago porque creo con firmeza que hay que hacer algo, aunque no tengo ni la menor idea de qué. Lo hago porque estoy indignado.



Pero, amigos y amigas de los Sindicatos, no lo hago porque esté de acuerdo en que sea la medida adecuada.
Por eso, en esta carta abierta quiero transmitiros unas cuantas preguntas. Viviendo en mi nube poética, igual no conozco con certeza todo lo que creo que sé, así que agradeceré las oportunas correcciones. 
Sin embargo:

1.- No conozco a ningún sindicato que, públicamente, haya renunciado a la subvención que recibe del Estado. Obviamente, en mi cortedad, la expresión “sindicato subvencionado” me suena rara. Tan ridícula como “paz armada” o “inteligencia militar”. Se me ocurre pensar –a mí y a todas las personas sensatas que me rodean, que son unas cuantas – que los perros agradecidos no muerden las manos que les dan de comer… Triste imagen ¿no?

2.- Todos los sindicatos que conozco, tienen equipos de abogados. Sin embargo, todavía no sé de ningún sindicato que esté cosiendo a denuncias las ilegales, inmorales, indecentes, inconstitucionales medidas de los gobiernos del Señor Zapatero y el Señor Rajoy. 
Si un partido político puede plantear una denuncia por inconstitucionalidad ante la ley del matrimonio homosexual… ¿cómo es que los sindicatos no están acribillando a demandas las medidas contra los derechos de los trabajadores, una por una, y tan pronto como suceden? ¿Por qué no se están formando colectivos para plantear demandas por daños y perjuicios, que los hay, sangrantes y dolorosos? En suma ¿Por qué no se usa al poder Judicial para frenar los desmanes del poder Legislativo? 
Nuevamente pienso que los perros agradecidos no muerden las manos que les dan de comer…

3.- Ningún sindicato que yo conozca tiene “cajas de resistencia”. Y las cajas de resistencia existen porque las huelgas y, especialmente la HUELGA GENERAL, no son, no han sido nunca una medida de protesta. Son una MEDIDA DE PRESIÓN.

Se cierra la fábrica, se deja la basura en la calle, no se abren los comercios, no se ponen exámenes ni calificaciones, no circulan camiones, ni transporte público, no se emite en radio o en televisión, se suspenden consultas, operaciones, no circulan policías por la calle, no se produce no durante un día. 
Sino durante un día, dos, tres, una semana, un mes, hasta que el gobierno cae, o se suspenden las medidas tomadas, o se pacta urgentemente un acuerdo, o se acaba la situación que motivó la huelga. 
Es un pulso que no se hace durante un minuto, sino hasta que uno de los dos rivales cae. 
Es una apuesta arriesgada que sólo se puede ganar. 
Por eso es necesaria la existencia de las cajas de resistencia que ayudan a los trabajadores en huelga a superar las necesidades y el hambre durante ese pulso.  Todo lo demás, es un puro cuento. 
Es justificar ante la gente engañada que el perro no muerde la mano que le da de comer…

Hacer huelgas generales de un día como medida de protesta es una tomadura de pelo que, además, sirve para convencernos, poco a poco, a los que trabajamos, que protestar es inútil. Mañana, en los medios, el Gobierno dirá que quinientos, los Sindicatos diréis que cincuenta mil, ambos os pondréis medallas y nosotros apechugaremos con las consecuencias de nuestra decisión.Y no habrá pasado nada cuando lo que es necesario es acabar con esta situación YA.

Y no habrá servido de nada porque ni el anterior gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero ni el actual gobierno del Sr. Rajoy Brey tienen, hoy por hoy,  capacidad de acción. Son tristes y meros comparsas –eso sí, bien agarrados a la teta de sus prebendas oficiales- de un sistema que, por fin, se está quitando la máscara. De una oligarquía internacional a la que la Democracia y los Derechos Humanos se la trae muy, pero que muy floja. De una criptocracia formada por un pequeño número de grandes corporaciones que está jugando al ajedrez con nosotros, quizá por el mero placer de fastidiar (no lo sé)

.
Hago huelga porque creo que hay que hacer algo y no sé qué es lo que se puede hacer. Si salgo a la manifestación, no me veréis cerca de vuestras banderas y pancartas, porque no es mérito vuestro. 

De momento sigo pensando que sois perros agradecidos… 

Es fácil demostrar que me equivoco: sólo tenéis que hacer lo que se os sugiere en esta carta.

Renunciad a las subvenciones para recuperar la libertad de acción.
Vivid de las aportaciones de los afiliados y organizad cajas de resistencia.
Usad vuestros equipos jurídicos para denunciar ante los tribunales las medidas injustas, inconstitucionales e inmorales. Los jueces están para eso también. 
Buscad nuevas formas de protesta y devolved a la huelga su carácter original: la presión.



A la oligarquía no se la vencerá con eslóganes trasnochados e ideas añejas. Hablar de “Lucha de Clases” no tiene sentido porque no es la lucha de clases lo que está pasando. Hablar de “Clase política” no tiene sentido porque no hay clase política. 
Hay una casta que está vendiéndose  y vendiéndonos al poder económico.

Contra eso se lucha de otra forma. Se lucha comprando mis ropas al sastre del barrio, sabiendo perfectamente dónde fabrica esas camisetas tan baratas la marca de turno y cuánto paga a los niños que tiene trabajando en sus fábricas. Se lucha remendando los zapatos y haciéndolos durar en vez de tirarlos cada año. Se lucha no comprando cerezas en diciembre o naranjas en abril. O comprando mis verduras de estación al señor que vende en su tienda lo que cultivan en el pueblo de al lado. 
Se lucha sabiendo que un ordenador de sobremesa tuneado con paciencia es cinco veces más barato y más eficaz que cualquier Ipad5 que puta la falta que nos hace. 
Se lucha sabiendo que un teléfono móvil es una cosa para hacer llamadas telefónicas muy útil y sabiendo también que los supositorios no tienen porqué tener colores ni sabores (especialmente sabores). 
Se lucha exigiendo y usando transporte público, alquilando viviendas en vez de empeñarse hasta las cejas para comprarlas. 

Se lucha renunciando a hipocresías y medias verdades y sabiendo que la libertad implica miedo e inseguridad, y también respeto absoluto a lo que el vecino piense, crea o vote. Y que, si gritamos “seguridad” pronto habrá más porras y menos derechos. 

Se lucha cambiando la forma de entender el mundo que tenemos. Ya.

Y ya me callo. Total, yo soy un don nadie. No salgo en la tele. 




Y, por favor, que me perdonen todos aquellos Sindicatos que SÍ estén haciendo todas estas cosas, por supuesto. Públicamente lo pido.

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